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馃實 Gaia, 驴es la TIERRA un Ser VIVO? | 馃幀 DOCUMENTAL

La hip贸tesis Gaia: 驴Es realmente la Tierra un ente vivo?

La llamada Hip贸tesis Gaia es tan famosa como controvertida: propone que todo el planeta es una especie de organismo gigante compuesto por elementos (humanos, otros animales, plantas, bacterias, rocas, algas, metales) que interact煤an entre s铆 de maneras en su mayor铆a invisibles para mantener condiciones estables.

Fue propuesta por James Lovelock en la d茅cada de 1970 y r谩pidamente gan贸 notoriedad, tanto en el 谩mbito cient铆fico como en otros. Pero, 驴en qu茅 consiste exactamente? 驴Puede haber algo de verdad en lo que podr铆a parecer una de las muchas leyendas de la nueva era de nuestra 茅poca? Adem谩s, nos hacemos esta pregunta apenas unos meses despu茅s del fallecimiento de su creador el pasado julio, a la incre铆ble edad de 103 a帽os.

El documental:

Gaia, 驴es la TIERRA un Ser VIVO?:

Uno de los muchos obst谩culos para la aceptaci贸n completa de la amenaza del calentamiento global es la terca noci贸n de que los humanos no tienen suficiente poder para influir en el clima de todo el planeta. En realidad, no somos las 煤nicas criaturas con tal poder, ni somos la primera especie en devastar el ecosistema global. De hecho, la historia de la vida en la Tierra es la historia de la vida reconstruyendo continuamente la Tierra.

Intentemos pensar en ello… Los 谩rboles, las algas y otros organismos fotosint茅ticos producen la mayor parte del ox铆geno respirable del mundo, ayudando a mantenerlo a un nivel lo suficientemente alto como para mantener la vida compleja, pero no tan alto como para que la Tierra estalle en llamas al menor chisporroteo.

El fitoplancton oce谩nico impulsa los ciclos qu铆micos de los que depende toda la vida y emite gases que aumentan la cobertura de nubes, alterando el clima global. Las algas, los arrecifes de coral y los moluscos almacenan enormes cantidades de carbono, equilibran la qu铆mica de los oc茅anos y defienden las costas de los elementos. Y una amplia variedad de animales, como elefantes, lombrices de tierra y termitas, escarban continuamente en la corteza del planeta, alterando el flujo de agua, aire y nutrientes, y mejorando las perspectivas de millones de otras especies.

Bueno… es precisamente en estas sugerencias en las que se basa la llamada Hip贸tesis Gaia. Concebida por el qu铆mico brit谩nico James Lovelock a principios de la d茅cada de 1970 y posteriormente desarrollada con la bi贸loga estadounidense Lynn Margulis, la Hip贸tesis Gaia (llamada as铆 en honor a los antiguos griegos y la diosa que representaba la Tierra) propone que todos los elementos vivos y no vivos de la Tierra son \禄partes y socios de un gran ser vivo que en su totalidad tiene el poder de mantener nuestro planeta como un h谩bitat adecuado y c贸modo para la vida\禄.

Aunque esta audaz idea ha encontrado una recepci贸n entusiasta entre el p煤blico en general desde el principio, muchos cient铆ficos la han criticado y ridiculizado en su lugar.

\禄Preferir铆a que la hip贸tesis de Gaia se mantuviera en su h谩bitat natural de las estanter铆as de libros de divulgaci贸n cient铆fica en lugar de ensuciar trabajos de estudio serio\禄, escribi贸 el bi贸logo evolutivo Graham Bell en 1987.

El microbi贸logo John Postgate fue particularmente vehemente: \禄隆Gaia, la Gran Madre Tierra! 隆El organismo planetario! 驴Soy el 煤nico bi贸logo que sufre una sensaci贸n de irrealidad cuando los medios una vez m谩s me invitan a tomar en serio estas conjeturas absurdas?\禄

Sin embargo, con el tiempo, la oposici贸n de la comunidad cient铆fica a Gaia ha disminuido. En sus escritos iniciales, Lovelock quiz谩s hab铆a ido un poco demasiado lejos, alentando as铆 la percepci贸n err贸nea de que la Tierra viva expresaba su propia voluntad, lo cual obviamente no es f谩cil de aceptar.

Pero dejando de lado estas exageraciones, la esencia de su hip贸tesis, la idea de que la vida transforma y en muchos casos regula las transformaciones del planeta, ha demostrado ser prof茅tica y profundamente verdadera desde el punto de vista filos贸fico.

Nosotros y todas las criaturas vivientes no somos solo habitantes de la Tierra… 隆SOMOS la Tierra! Somos una consecuencia de su estructura f铆sica y un motor de sus ciclos globales. Y aunque algunos cient铆ficos siguen manteni茅ndose alejados de Gaia, estas verdades de alguna manera se han convertido en parte de la ciencia oficial tambi茅n.

Aquellos que se oponen a la idea de un planeta vivo argumentan que la Tierra no puede estar viva porque no come, se reproduce ni evoluciona. Sin embargo, la ciencia nunca ha establecido una definici贸n precisa y universalmente aceptada de la vida, solo una larga lista de sus cualidades.

Al igual que muchas criaturas vivas, la Tierra tiene una estructura altamente organizada, una membrana y ritmos diarios; consume, almacena y transforma energ铆a; y si microbios que atacan asteroides o seres humanos viajeros por el espacio colonizan otros mundos, 驴qui茅n dice que los planetas no pueden procrear? Si la Tierra respira, suda y tiembla, si da a luz a miles de millones de organismos que devoran, transforman y llenan incesantemente su aire, agua y rocas, y si esas criaturas y sus entornos f铆sicos evolucionan en conjunto, 驴por qu茅 no deber铆amos considerar nuestro planeta como vivo?

Esta es en parte la posici贸n de quienes apoyan la Hip贸tesis Gaia con sus corazones, pero 驴cu谩les son los mecanismos biol贸gicos detr谩s de tal conjetura? 驴Existen? Bueno… 驴Sab铆as, por ejemplo, que el cient铆fico brit谩nico James Lovelock, la persona m谩s responsable de la hip贸tesis Gaia, estaba trabajando para la NASA cuando lleg贸 por primera vez a su percepci贸n de un sistema vivo al cuestionar \禄驴est谩 viva la Tierra?\禄?

Sorprendentemente, en ese momento estaba creando pruebas para detectar vida en Marte. En ese momento, era 1965, la NASA estaba planeando enviar misiones automatizadas a la Luna, Marte y Venus, y uno de los objetivos era probar primero si esos entornos pod铆an albergar organismos vivos de alg煤n tipo. Por lo tanto, era necesario contar con un m茅todo para averiguarlo, comenzando con el examen de algunos elementos, en la peque帽a parte que pod铆a explorarse desde la Tierra.

Lovelock hab铆a adoptado la idea de que, en lugar de que las sondas realizaran min煤sculas pruebas de suelo en el planeta rojo (utilizando lo que describi贸 como \禄detectores de pulgas glorificados\禄), los cient铆ficos deber铆an examinar la atm贸sfera de Marte para ver si ten铆a concentraciones de gases que solo podr铆an existir si fueran mantenidos por organismos vivos.

Para probar esa idea, Lovelock observ贸 la atm贸sfera de nuestro propio planeta. Y, efectivamente, el aire de la Tierra contiene grandes cantidades de gases altamente reactivos, como ox铆geno y metano, que naturalmente se descomponen en otros compuestos. \禄Si solo importara la termodin谩mica qu铆mica\禄, escribi贸, \禄casi todo el ox铆geno y la mayor parte del nitr贸geno en la atm贸sfera deber铆an haber terminado en el mar combinados como ion nitrato\禄.

Este sencillo descubrimiento m谩s tarde se convirti贸 en uno de los argumentos originales de Lovelock a favor de Gaia: Algo mantiene numerosos gases reactivos en nuestra atm贸sfera en un estado de equilibrio constante. (Marte, por cierto, suspendi贸 el \禄test de atm贸sfera activa\禄). El segundo argumento, a煤n m谩s convincente, fue que a lo largo de los milenios, la Tierra de alguna manera ha regulado su propia temperatura. Cuando la vida comenz贸 en nuestro planeta hace cuatro mil millones de a帽os, el sol estaba un 30% m谩s fr铆o de lo que est谩 hoy.

Sin embargo, desde entonces hasta ahora, la temperatura de la superficie de la Tierra ha permanecido dentro del rango cr铆tico de soporte de la vida, que va de 15 a 30 grados Celsius.

El nivel de CO2 se ha reducido cien veces en esos cuatro mil millones de a帽os, disminuyendo el efecto de retenci贸n de calor del \禄efecto invernadero\禄 de la atm贸sfera incluso mientras el sol irradiaba m谩s calor. 驴El resultado? La Tierra se ha mantenido a una temperatura constante… 隆igual que nuestros propios cuerpos! La temperatura y una atm贸sfera reactiva son solo dos de los factores mantenidos en equilibrio por la Tierra.

Tambi茅n debemos notar que si, como Lovelock afirma, \禄la humedad, la salinidad, la acidez o cualquiera de una serie de otras variables hubiera salido de un rango estrecho de valores durante alg煤n tiempo, la vida habr铆a sido aniquilada\禄.

Los mecanismos interactivos que logran esta autorregulaci贸n son demasiado complejos para que la ciencia actual los pueda cuantificar, por lo que Lovelock a menudo utiliza un modelo simplificado de un \禄Mundo de las Margaritas\禄 imaginario para sugerir c贸mo podr铆a funcionar el sistema.

Supongamos que hubiera un planeta que solo admitiera dos especies de plantas, margaritas blancas y margaritas negras. Dado que las blancas reflejan m谩s calor que las negras, les ir铆a mejor cuando el planeta estuviera inusualmente caliente. Lo contrario tambi茅n ser铆a cierto: las margaritas negras, al ser mejores absorbentes de calor, podr铆an sobrevivir mejor durante los per铆odos fr铆os.

Pero, 驴qu茅 suceder铆a si el Mundo de las Margaritas estuviera fr铆o durante un per铆odo prolongado? Las margaritas negras tomar铆an cada vez m谩s la superficie terrestre, aumentando la capacidad de absorci贸n del planeta y, por lo tanto, calent谩ndolo. Con el tiempo, la temperatura subir铆a al rango ideal para las margaritas blancas. Estas se propagar铆an y las negras retroceder铆an en gran medida. Pero ese evento aumentar铆a la reflectividad del calor del planeta, enfriando eventualmente su superficie.

De esta manera, las margaritas negras y blancas se equilibrar铆an mutuamente y mantendr铆an la temperatura del planeta sin llegar nunca a ser demasiado caliente o demasiado fr铆a para mantener la vida vegetal. En un nivel mucho m谩s complejo, los organismos en nuestro propio planeta deben trabajar juntos para estabilizar la Tierra.

En resumen, la hip贸tesis de Gaia ve la Tierra como un sistema de autorregulaci贸n capaz de mantener el clima, la atm贸sfera, el suelo y la composici贸n del oc茅ano en un estado fijo favorable para la vida.

A menudo se considera que la capacidad de autorregulaci贸n frente a perturbaciones, cambios, desastres, etc., es una caracter铆stica muy fuerte de los seres vivos y, en ese sentido, la Tierra es un ser vivo. Pero en realidad, 驴est谩 viva la Tierra? Lovelock est谩 diciendo que la evoluci贸n de la vida y la evoluci贸n del planeta no han sido fen贸menos separados, sino un proceso 煤nico y estrechamente acoplado.

La vida no se adapta simplemente a su entorno, sino que, a trav茅s de varios bucles de retroalimentaci贸n, coevoluciona con 茅l. Esta visi贸n unificadora de sistemas completos est谩 comenzando a ganar terreno entre los cient铆ficos. Y la fascinante b煤squeda de los mecanismos de Gaia ya est谩 llevando a nuevas 谩reas de exploraci贸n.

La bi贸loga Lynn Margulis, que trabaj贸 estrechamente con Lovelock en la hip贸tesis original, ahora estudia los roles que pueden desempe帽ar los resistentes microorganismos en la regulaci贸n de la atm贸sfera. Ha encontrado alrededor de 200 microorganismos en su mayor铆a inactivos en muestras de cultivos diminutos, cada uno listo bajo las condiciones adecuadas para realizar su funci贸n y emitir su emisi贸n gaseosa particular, seg煤n las condiciones circundantes.

El cient铆fico atmosf茅rico Pat Zimmerman examin贸 las bacterias intestinales de las termitas como fuente de metano atmosf茅rico y descubri贸 que, dado que hay aproximadamente 700 kilogramos de termitas por cada ser humano en la Tierra, y dado que estos devoradores de madera consumen el equivalente a un tercio del carbono vegetal nuevo creado cada a帽o, 隆pueden producir la mitad del metano en la atm贸sfera!

Sin embargo, las palabras de Lovelock a veces han sugerido que la totalidad de la vida en el planeta est谩 trabajando deliberadamente para mejorar su condici贸n y aumentarse a s铆 misma. Agregar tal aspecto de intencionalidad (incluso conciencia) a Gaia choca con la mayor铆a de los cient铆ficos, por lo dem谩s, simpatizantes.

Cualquier indicio de que todo el sistema pueda estar realmente vivo es tab煤 para ellos; eso es hablar de religi贸n. Y nunca debemos olvidar que la ciencia y el esp铆ritu son diferentes 谩mbitos. No est谩n en conflicto, pero no hay una interfaz entre los dos. No hay previsi贸n ni planificaci贸n involucrados por parte de la vida en la regulaci贸n del planeta. Es solo un tipo de proceso autom谩tico.

La vida regula la estabilidad de la atm贸sfera para que pueda sobrevivir. Esto no es una directriz intencional, sino el resultado de millones de a帽os de interacciones entre la vida y la atm贸sfera de la Tierra; uno no puede ser visto sin el otro. La vida y la Tierra, seg煤n Lovelock, son uno. Eso no ha impedido que muchos no cient铆ficos saquen sus propias conclusiones sobre las implicaciones de la hip贸tesis de Gaia.

Si bien la comunidad cient铆fica acredita a Gaia por proporcionar a los ecologistas y climat贸logos una nueva clave para el estudio del planeta (vinculando cosas que antes se consideraban distantes, como las actividades humanas y los ecosistemas), esta teor铆a siempre ha sido problem谩tica tanto como teor铆a como hip贸tesis.

Es imposible ponerla a prueba, y para los cr铆ticos, Gaia siempre ha sido una idea en conflicto con teor铆as y paradigmas probados, como la evoluci贸n darwiniana, que no encaja bien con la idea de que todo un planeta de alguna manera coopera para el bien de todos. Los ciclos biogeoqu铆micos existen, al igual que la capacidad de los ecosistemas para resistir el cambio, pero eso no significa que debamos inferir que el planeta tiene un prop贸sito.

A lo largo de los a帽os, Stephen Jay Gould y otros pesos pesados de la evoluci贸n han desafiado a Gaia en este mismo sentido. Fuera del mundo acad茅mico, Gaia es ahora en cambio una entidad muy fuerte y popular. Su mensaje es tan penetrante y ecum茅nico que, diluido y a menudo distorsionado, ha llegado a influir en novelas de ciencia ficci贸n de culto y superproducciones cinematogr谩ficas como Avatar, reflexiones zen y ensayos populares, planes de estudio escolares y documentales.

Es una gran visi贸n que, una vez m谩s, desplaza a los seres humanos del centro del universo; vivimos en un sistema complejo sin茅rgico y autorregulador, perfecto para transmitir un cierto tipo de ambientalismo. Entonces, 驴qu茅 podemos decir? Es muy probable que tambi茅n necesitemos un componente emocional para desencadenar nuestras especulaciones cient铆ficas, una motivaci贸n que pueda abrir una puerta en nuestras mentes, incluso si es con la llave equivocada.

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