Ciencia

La NASA prioriza el estudio de unas misteriosas cúpulas en la superficie lunar

En el límite noreste de la región lunar conocida como Oceanus Procelarum hay tres extrañas cúpulas cuya formación es aún un misterio. Se conocen como los domos de Gruithuisen, y son el objetivo de la primera misión del programa Artemis de la NASA.

Los domos de Gruithuisen (llamados así en honor al astrónomo alemán Franz von Paula Gruithuisen) son una rareza desde el punto de vista geológico. Se trata de tres grandes formaciones con un aspecto que los astrónomos han descrito como “una bañera boca abajo” y son grandes. El mayor de los tres, Gamma Gruithuisen, tiene 20 kilómetros de lado y unos 1.500 metros de altura con un cráter de unos dos kilómetros de diámetro en su cima. Junto a a ellos hay un cráter más grande y perfectamente cónico llamado Gruithuisen B.

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Imagen de los domos captada con el Lunar Reconnaissance Orbiter.

Lo que los hace tan misteriosos es que se desconoce cómo se han podido formar. La hipótesis más extendida es que se trata de formaciones de roca volcánica creadas a partir de magma denso rico en silicatos. En la Tierra este tipo de formaciones solo se dan bajo el agua y en la proximidad de límites en las placas tectónicas. Ambos ingredientes no son algo que asociemos con la Luna en ninguna de sus etapas de formación.

Así es como los describen los geólogos de la NASA:

«Sobre la base de las primeras observaciones telescópicas y de naves espaciales, durante mucho tiempo se sospechó que estos domos estaban formados por un magma rico en sílice, similar en composición al granito. Las observaciones del Lunar Reconnaissance Orbiter (LRO) confirmaron que las cúpulas de Gruithuisen son distintas del terreno circundante, que está cubierto por antiguos flujos de lava basáltica endurecida. Las lavas basálticas son líquidas y ligeras, y fluyen como aceite de motor, a diferencia de las lavas silícicas, que son espesas y fluyen más como mantequilla de cacahuete. Las cúpulas de Gruithuisen se formaron por erupciones de lavas silícicas, que no fluyeron hacia afuera con facilidad, creando cúpulas.»

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Para averiguar más sobre los domos de Gruithuisen y sobre el pasado volcánico de la Luna, la NASA ha anunciado la misión Lunar-VISE (Lunar Vulkan Imaging and Spectroscopy Explorer). En 2026, la agencia depositará un módulo de aterrizaje con cinco instrumentos de investigación en la zona de estas cúpulas. Dos de estos instrumentos estarán en el propio módulo, mientras que los otros tres irán a bordo de un pequeño rover autónomo que será proporcionado por la iniciativa CLPS (Commercial Lunar Payload Services) dentro del programa PRISM (Payloads and Research Investigations on the Surface of the Moon).

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Los domos de Gruithuisen, vistos por las cámaras de la misión Apolo 15

La segunda misión del programa Artemis que ha anunciado la NASA se llama Lunar Explorer Instrument for space biology Applications (LEIA). Consiste en un pequeño satélite CubeSat que depositará levadura en la superficie lunar, concretamente una muestra de Saccharomyces cerevisiae o levadura de cerveza. El objetivo de este curioso experimento es comprobar los efectos de la radiación y la microgravedad lunar sobre los procesos de división celular, replicación y reparación del ADN. Si algún día pretendemos enviar seres humanos a la Luna durante largos períodos, los hallazgos de LEIA serán cruciales para asegurar su supervivencia.

Vía: NASA

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